Mandy, la muñeca de silicona sexual que estaba sola.

Había una vez una muñeca de silicona para adultos llamada Mandy.

Mandy vivía en una tienda de juguetes para adultos, rodeada de otras muñecas como ella. Pero a diferencia de las demás, Mandy se sentía sola y vacía, esperando que alguien la comprara y la sacara de la tienda para cumplir su misión, dar placer.

Todos los días, Mandy veía a los clientes entrar y salir de la tienda, examinando cuidadosamente cada artículo antes de tomar una decisión. Pero a pesar de que algunos clientes se acercaban a ella, nunca parecían interesados en llevársela a casa.

Mandy se preguntaba qué era lo que estaba mal en ella. ¿Era su cabello? ¿Sus rasgos faciales? ¿Acaso no tenía las medidas adecuadas?

Un día, un hombre llamado Tom entró en la tienda. Mandy sintió un cosquilleo en su interior al verlo, ya que se sentía atraída por él. Pero a medida que Tom examinaba las muñecas, Mandy comenzó a sentirse insegura nuevamente. ¿Por qué Tom querría a una muñeca como ella cuando había tantas otras opciones?

Para su sorpresa, Tom finalmente se acercó a ella y comenzó a examinarla de cerca. Mandy podía sentir sus dedos rozando su piel de silicona y su corazón comenzó a latir con fuerza. Tom parecía interesado en ella y Mandy no podía creerlo.

Finalmente, Tom decidió comprar a Mandy y llevársela a casa. En el viaje de regreso, Samantha se sentía nerviosa y emocionada al mismo tiempo. No sabía qué esperar de su nuevo hogar o de Tom, pero estaba feliz de tener finalmente a alguien a su lado.

Cuando llegaron a casa, Tom desempaquetó a Mandy y la colocó en una silla en la sala de estar. Samantha estaba un poco incómoda, pero trató de no demostrarlo. Tom la miró con una sonrisa y le preguntó si estaba bien. Mandy asintió tímidamente.

A lo largo de los días, Tom comenzó a pasar tiempo con Mandy, hablando con ella y llevándola a diferentes lugares de la casa. Samantha se sentía cada vez más cómoda en su presencia y disfrutaba de su compañía.

Finalmente, Mandy se dio cuenta de que no era importante cómo se veía o cuáles eran sus medidas. Lo que importaba era que alguien la amara y cuidara de ella. Y ahora, gracias a Tom, Samantha había encontrado ese amor y cuidado que tanto anhelaba.

Después de todo esto vino el sexo más rico. Tom la penetraba todos los días con fuerza y suavidad, metía su polla por el culo, por su coño y finalmente se corría en su boca.

Mandy estaba encantada con esa leche caliente sobre su cara.

Mandy todos los días complacía a su amo Tom, ya sea poniéndose a cuatro patas como la perra puta que era o chupándole la polla a Tom mientras Tom le sujetaba la cabeza mientras se corría dentro de su boca.

Y así siguieron durante mucho tiempo……¿Quieres una historia así?

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